Destello
Una hermosa metafísica
OjoVoraz #3
«El mundo amado por los niños y descrito por su filósofo, Aristóteles | Albert G. A. Balz. [1]»
Hay que estar muy inspirado para lograr una frase tan profunda y certera como la del profesor Balz; de potencia inusual, condensa en un solo enunciado una gran tesis filosófica como el micro-cuento del dinosaurio. Máximo impacto con economía de medios.
Cuando le pregunté a mi esposa en la sobremesa (una institución en extinción, por cierto) qué le había parecido la primera entrega de OjoVoraz, me decepcioné al ver que no le había prestado atención ni dado importancia. «¿Ya y qué? ¿Eso es un cuento?...esperaba algo más elaborado, como los que escribías antes», me decía. Le parecía simplón, al borde de lo pretencioso. Como ingeniero civil que es, confío en su criterio al que suelo poner a prueba de vez en cuando. Nuevamente me fui derrotado en mis pretensiones intelectuales.
Más tarde, gracias a mis niños de cinco y casi tres, pude apreciar el genio narrativo de Monterroso, cuando luego de oír esas siete palabras no tardaron en llegar agazapados, acosándome con miles de preguntas: ¿Por qué el dinosaurio todavía estaba ahí? ¿Era un dinosaurio de verdad o uno de mentira? ¿Cómo llegó a su pieza? Y se ponían a elaborar teorías: «Quizás entró por la ventana», decía uno, «o quizás por la puerta», decía la otra. Me tuvieron así por dos horas. Literal.
Por eso cambié el enfoque que tenía reservado para esta ocasión, dejando de lado la dimensión argumental para bajar al registro del asombro. Ya es un lugar común decir que la capacidad de asombro es el primer paso para adentrarse en las profundidades de la filosofía. El asunto es que los niños son maestros en eso.
Lamentablemente esa capacidad se va adormeciendo de a poco, y con los años, cae en el olvido. Quizás sea tarea del filósofo despertarla. Porque el asombro filosófico no es una emoción distinta, sino que reúne en una misma mirada lo que el asombro infantil encontraba disperso en muchas. Como cuando desde la ventana del avión se integran en un conjunto cosas que antes se veían separadas.
El asombro filosófico despega desde la multiplicidad de las cosas concretas y singulares de la experiencia común, hasta darse cuenta de que todas esas cosas simplemente están ahí, como el dinosaurio. Y cuando la inteligencia le agrega a la emoción cruda el por qué de todo eso, ya se ha sembrado la semilla del filosofar. Entonces, Aristóteles es en cierto sentido el filósofo de los niños, porque busca una filosofía en la que las teorías más complejas den cuenta de ese mundo por el que nos maravillamos alguna vez.
¡Vaya afirmación la del profesor Balz! ¿No? El amor te saca de ti mismo y te mueve a conocer aquello que se ama. Por eso la filosofía es una manera de amar este mundo tan maravilloso, buscando sus causas y principios. Así la inocencia del asombro infantil, por el amor espontáneo de su mundo inmediato, merece llamarse por lo que es: una hermosa metafísica.
Anton Webern y la filosofía
OjoVoraz #2
«Condenado al fracaso total en un mundo sordo de ignorancia e indiferencia, siguió inexorablemente tallando sus diamantes, sus deslumbrantes diamantes, cuyas minas conocía a la perfección»
Decía Igor Stravinsky sobre Anton Webern, músico austríaco, maestro en componer piezas de extrema concisión poética. Las obras de Webern tienen una belleza misteriosa que revela en una breve composición las profundidades del alma humana, las minas a las que se refería Stravinsky.
Con esto quiero despejar la confusión esperable de la filosofía miniaturizada con el aforismo, como los de Nietzsche que tanto gustan a los gurús del desarrollo personal:
Derribar ídolos...eso sí ya forma parte de mi oficio
El aforismo desprende un aire de autoridad que ni el microrrelato ni las composiciones de Webern pretenden. En cambio, la concisión poética te hace participar, invitándote a llenar activamente los vacíos y omisiones. Ciertamente la brevedad define la extensión de la pieza, pero no mucho más: no habla ni de su composición ni estructura interna, donde está la sustancia jugosa y sabrosa. Por eso, más allá de la brevedad, la similitud con el aforismo es superficial y aparente.
Y acá creo que está la diferencia fundamental: el aforismo sentencia; la miniatura compone. Y compone una totalidad, armada a partir de una multitud de partes discretas y sucesivas, que se expresa con pocos recursos, en la que el silencio y la omisión son partes constituyentes de la pieza.
Y volviendo al asunto de ganarse la vida con las obras del espíritu como la filosofía y las artes, Webern con toda su genialidad no logró ganarse la vida con su obra, sino que su reconocimiento -cómo no- fue póstumo.
Condenado al fracaso total en un mundo sordo de ignorancia e indiferencia...
Si eso ocurre con la música, ¿qué esperar para la filosofía?
Filosofía en miniatura
OjoVoraz #1
«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí» | Augusto Monterroso
Palabras de gran impacto narrativo. El relato de Monterroso revela cómo puede escribirse una narración completa con economía extrema de recursos. Me pregunto si puede escribirse una filosofía con esa misma potencia.
Esta es la primera entrega de OjoVoraz.
Finalmente me decanté por el boletín por sobre la plataforma Filósofo.com.
Puedes revisar la historia y su inspiración en este enlace → Leer.
Paradójicamente, corren tiempos extraordinariamente favorables para el cultivo de la filosofía, pero a la vez son desafiantes, porque el exceso de información lleva a perder de vista el criterio para distinguir lo verdadero y encontrar lo esencial.
Por eso, OjoVoraz es un boletín que propone hacer filosofía en tu inbox.